En Bengala Occidental, India, vive Tapas Sandilya, un hombre de 65 años que compartió 39 años de su vida con su esposa Indrani. Su matrimonio estuvo lleno de cariño, complicidad y un cuidado mutuo que marcó cada día que pasaron juntos.
La pandemia cambió todo.

Cuando Indrani enfermó, las restricciones hospitalarias impidieron que Tapas permaneciera a su lado. Ella falleció en soledad, y esa ausencia se convirtió en una herida profunda para él.
Con el tiempo, el dolor no disminuyó. Tapas evocaba a menudo sus recuerdos más preciosos, y uno de ellos era el día de la boda de su hijo: Indrani, con su sari de seda Assam favorito, sonriendo con una luz que parecía llenar toda la casa.

Aferrado a ese recuerdo, Tapas tomó una decisión poco común pero profundamente personal: encargó una figura de silicona que se pareciera lo más posible a su esposa.
Encontrar al artesano adecuado llevó meses, y la creación tomó medio año, con un costo aproximado de 3.000 dólares.
Cuando la figura estuvo lista, Tapas la vistió con el mismo sari de aquel día especial y la instaló en el columpio donde Indrani solía descansar.
Hoy, esa figura sigue ocupando un lugar importante en su hogar.

Tapas la mueve de un rincón a otro para que, según él, “no se aburra”. Le habla, le cuenta cómo ha ido su día. Aunque no obtenga respuestas, siente que ella sigue acompañándolo.
Para Tapas, es su manera de sobrellevar la pérdida y mantener vivo el recuerdo del amor de su vida.

