Para experimentar la felicidad de la maternidad, Andriana Iliescu rompió numerosas barreras, alcanzando el éxito cuando parecía que ya era demasiado tarde. En su juventud, cuando su salud le permitía ser madre, Andriana no pudo cumplir su anhelo.
Su esposo, quien se suponía que la apoyaría en la construcción de una familia sólida, no compartía su deseo, y su historia de amor se transformó en una decepción. El deseo de su marido de llevar una vida libre no duró mucho tiempo, pero los años valiosos pasaron, haciendo cada vez más difícil la posibilidad de tener un hijo.

A medida que envejecía, Andriana se vio obligada a someterse a tratamientos de fertilidad. Quizás su sueño se habría quedado sin cumplir si, a los 66 años, no hubiera decidido optar por un tratamiento de FIV.
La reacción del público fue negativa; muchos de sus conocidos intentaron disuadirla, pero para una mujer que había escrito alrededor de 25 libros sobre la infancia, las críticas perdieron relevancia.

Las dificultades podrían haberse evitado si su pareja hubiera considerado sus deseos, pero Andriana logró hacer realidad su sueño.
Eliza nació prematura y con un peso muy bajo, y los médicos temieron por su vida, pero logró sobrevivir.
Ahora, ya jubilada, Andriana se dedica por completo a criar a su hija, disfrutando de mucho tiempo juntas y supervisando su educación.

Hoy, Eliza tiene 14 años. Es una joven responsable, estudiosa y enfrenta el futuro con determinación. Su madre, que ahora tiene 80 años, espera verla crecer y alcanzar la adultez. El médico que ayudó a Andriana a ser madre está dispuesto a cuidar de Eliza si es necesario.

