Herpes labial: qué es, cómo reconocerlo y prevenirlo
Definición El herpes labial, también conocido como ampollas febriles, es una infección viral muy común provocada en la mayoría de los casos por el virus del herpes simple tipo 1 (VHS-1). En ocasiones menos frecuentes, el tipo 2 (VHS-2), normalmente relacionado con el herpes genital, también puede causar brotes tras el contacto oral.
Formas de transmisión El herpes labial es altamente contagioso y puede propagarse de diferentes maneras:
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Contacto directo: besos, compartir alimentos, bebidas o cubiertos.
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Contacto indirecto: uso de toallas, bálsamos labiales u objetos contaminados.

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Autoinoculación: tocar una lesión y luego otra zona del cuerpo.
Síntomas y evolución
Un brote suele desarrollarse en etapas:
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Fase inicial: hormigueo, picazón o entumecimiento entre 24 y 48 horas antes de que aparezcan las lesiones.
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Aparición de ampollas: pequeñas vesículas llenas de líquido, normalmente en los labios, aunque también pueden salir en la nariz o las encías.
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Rotura de las ampollas: se forman llagas dolorosas, muy contagiosas.
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Cicatrización: las llagas se cubren de costras hasta curarse por completo. El episodio suele durar entre 7 y 10 días. Tras la curación, el virus permanece inactivo en el organismo, pudiendo reactivarse en el futuro.
Factores que pueden provocar recaídas
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Estrés físico o emocional.
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Exposición prolongada al sol.
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Cambios hormonales.
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Infecciones o resfriados.
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Sistema inmunitario debilitado.
Tratamientos disponibles
Aunque no existe una cura definitiva, los síntomas pueden aliviarse y acortarse con:
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Antivirales orales: aciclovir, valaciclovir o famciclovir (prescripción médica).
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Cremas antivirales: aplicar en las primeras señales del brote.
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Calmantes del dolor: ibuprofeno, paracetamol o geles anestésicos.
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Cuidado local: mantener los labios hidratados y protegidos.
Prevención
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Evitar besos y contacto cercano durante un brote.
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No compartir vasos, cubiertos, toallas o maquillaje.
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Proteger los labios del sol con bálsamos con filtro UV.
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Dormir lo suficiente, comer de forma equilibrada y reducir el estrés para fortalecer el sistema inmune.
Cuándo acudir al médico
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Si los brotes son muy frecuentes o dolorosos.
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Si los tratamientos de venta libre no funcionan.
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Si las lesiones se extienden de forma inusual o dificultan comer.
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Si se tiene el sistema inmunitario comprometido.

