¿Qué es esa sustancia blanca y pegajosa en el pollo cocido? Tranquilo, es totalmente normal.
Si alguna vez has cocinado pollo y has notado una sustancia blanca y viscosa que se acumula en la sartén o se adhiere a la carne, no estás solo.
Aunque puede parecer poco apetecible, lo cierto es que no representa ningún riesgo para la salud y tiene una explicación científica muy sencilla.
Esa sustancia blanca es una combinación de proteínas y agua que el pollo libera al cocinarse. Cuando aplicamos calor, las fibras musculares se contraen y expulsan el líquido que está entre las células.
Al calentarse, el agua se evapora y las proteínas se coagulan, formando esa capa blanca, de manera similar a lo que ocurre cuando se cocina una clara de huevo.

¿Por qué sucede?
El Dr. Topher McNeil, experto en ciencia de los alimentos, explica: “Los músculos del pollo se contraen y expulsan el líquido que hay entre las células musculares”.
Lo que observas, por tanto, es simplemente un subproducto normal del proceso de cocción.
Este fenómeno es más frecuente en el pollo congelado o previamente congelado. La congelación provoca la formación de cristales de hielo que dañan las fibras musculares.
Como resultado, al descongelarse y cocinarse, la carne libera una mayor cantidad de líquido.
Cuantos más ciclos de congelación y descongelación haya sufrido el pollo, más evidente será este efecto. Es similar a lo que ocurre con los frutos rojos congelados, que al descongelarse pierden textura y sueltan más jugo.
El líquido blanco que aparece en el pollo contiene albúmina, una proteína también presente en la clara de huevo, lo que explica su aspecto y textura similares.
¿Es seguro consumirlo?

Sí, completamente. Aunque su apariencia no sea muy atractiva, se trata simplemente de proteínas cocidas y agua. Eso sí, si percibes mal olor o un color extraño, podría tratarse de carne en mal estado, en cuyo caso lo mejor es no consumirla.
¿Se puede evitar?
No del todo, pero hay formas de reducir su aparición:
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Evita la recongelación: Si es posible, compra pollo fresco o limita los ciclos de congelación.
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Seca el pollo antes de cocinarlo: Así eliminas el exceso de humedad y favoreces un mejor dorado.
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Cocina a temperatura moderada: El calor muy alto acelera la contracción de las fibras, liberando más líquido.
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Haz una salmuera antes de congelar: Remojar el pollo en una solución salada ayuda a retener más jugos durante la cocción.
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Evita pinchar o cortar la carne demasiado pronto: Esto permite que los jugos escapen antes de tiempo.

No solo le pasa al pollo
Este fenómeno no es exclusivo del pollo. El salmón, por ejemplo, también libera una sustancia blanca durante la cocción, igualmente rica en albúmina. En todos los casos, cocinar con suavidad es la mejor forma de minimizar su aparición.
¿Y si no te convence su aspecto?
Si la sustancia blanca te resulta desagradable, puedes retirarla fácilmente con un cuchillo o con una toalla de papel antes de servir. No afecta ni al sabor ni a la seguridad del plato.
Como dice el Dr. McNeil: “Cocina el pollo sin miedo a esa misteriosa sustancia blanca”. Ahora que sabes qué es y por qué aparece, puedes preparar tu comida con tranquilidad, incluso si el pollo se ve un poco extraño mientras se cocina.

