Compré papas moradas y decidí probar hacer puré con ellas. ¿Qué salió de todo eso?
Solo compré tres. Ya tenía en la nevera un puré de papas tradicional, bastante rico, así que el experimento debía ser pequeño. Además, las papas moradas cuestan 80 rublos en la tienda, lo que tampoco invitaba a grandes pruebas.
Como de costumbre, primero las lavé y las pelé. Y ahí vino la primera decepción: sin la piel, prácticamente desapareció toda su “magia”.

Resultó que estas papas apenas tiñen ni las manos ni el agua de cocción. Si se hierven junto a otros ingredientes, pueden darles un leve matiz, pero nada impresionante.
Si la idea es preparar un plato vistoso y llamativo, conviene buscar una variedad con un color morado mucho más intenso. En este tipo de recetas, los tonos vivos lo son todo, y estas papas resultaron demasiado apagadas.
Ya cortadas en trozos, su aspecto era bastante común, sin nada especial.

Así que llegó el momento de hervirlas y convertirlas en puré. Las puse en el agua con cierto optimismo.
Casi de inmediato, el agua tomó un ligero color, y las papas adquirieron un tono grisáceo violáceo bastante extraño, parecido al de un ojo morado.
La conclusión fue clara: las papas moradas quedan mucho mejor horneadas o fritas solas que mezcladas con otros ingredientes.

Después las machaqué, añadí leche y esperé el resultado. Un pequeño aviso: si tienes invitados indeseados y quieres que se marchen rápido, sírveles este puré. Es muy probable que se vayan con hambre.
En cuanto al sabor, las papas moradas saben prácticamente igual que las normales. Hay quien dice que tienen un ligero matiz a nuez, pero yo no lo noté. Tal vez se perdió por el camino… probablemente en Bangkok.

