En el estudio de televisión, iluminado con una luz suave, reinaba el silencio antes de la grabación.
Las cámaras estaban fijas y los focos resaltaban la mesa y la silla donde estaba sentada la chica. Se acomodó la ropa, sonrió con un poco de nervios y miró hacia el director, esperando la señal.
En un momento dado, intentó de forma instintiva cruzar las piernas, pero se detuvo a mitad del movimiento, como si cambiara de opinión.

Se enderezó, ajustó ligeramente su postura y colocó las manos sobre las rodillas. Parecía querer mostrarse tranquila y segura, aunque en sus ojos aún se notaba cierta tensión.
—Tres, dos, uno… ¡acción! —se escuchó desde detrás de las cámaras.
El estudio cobró vida al instante: las luces de grabación se encendieron y la chica miró directamente a la cámara, completamente concentrada en el programa en directo.
