Juana Muñez, originaria de Cádiz, España, ha pasado los últimos 13 años en un aislamiento forzoso, viviendo a escasos centímetros de su familia, pero sin poder abrazarlos ni besarlos. Si ella sale del refugio en el que habita, su vida corre peligro y podría morir de forma dolorosa y rápida.
Su marido e hijos deben prepararse durante días para poder tocarla, un contacto limitado a solo dos veces al año.
La vida de Juana cambió drásticamente hace 29 años, justo cuando se convirtió en madre. En ese mismo año, su esposo plantó una nueva variedad de patatas en el jardín de su hogar. Mientras las cuidaba, Juana sufrió una reacción alérgica grave.

Fue trasladada de urgencia al hospital, hinchada y con intensos dolores. Los médicos lograron estabilizarla con fuertes medicamentos, pero desde entonces, Juana ha desarrollado una sensibilidad extrema a los productos químicos, experimentando alergias graves y constantes.
El pesticida utilizado en las patatas fue posteriormente prohibido, pero nunca se investigó lo suficiente sobre el fabricante ni cuántas personas fueron afectadas.
A pesar de esto, Juana decidió no emprender acciones legales; el sufrimiento que ya vivía era suficiente para ella.
Con el tiempo, su sensibilidad empeoró hasta que comenzó a reaccionar prácticamente a todo. Tras años de pruebas y consultas médicas, fue diagnosticada con múltiples afecciones: sensibilidad química múltiple (SQM), fibromialgia, síndrome de fatiga crónica y sensibilidad eléctrica.
Para sobrevivir, Juana necesita un entorno completamente neutro y estéril. Así, su familia construyó una casa refugio especial donde vive desde hace 13 años.

Para ella, incluso el aroma de las flores es mortal, y fenómenos como la luz solar o la lluvia le causan un dolor insoportable. Su marido cultiva verduras orgánicas, libres de químicos, y obtiene carne de un productor de confianza para garantizar la seguridad de Juana. Aunque puede ver el jardín a través de ventanas, no puede acercarse ni tocarlo por miedo a una reacción alérgica.
En ocasiones, es llevada al hospital para pruebas médicas, un proceso riesgoso debido a la dificultad de lograr una esterilización completa del equipo.
Cuando su familia la quiere abrazar, deben purificar su piel y ropa durante días para evitar poner en riesgo su vida. Aunque Juana está por convertirse en abuela, no espera poder cargar a su nieto.
A pesar de todo, Juana mantiene un propósito: luchar contra su enfermedad y apoyar a otros. Recientemente, probó una mascarilla especial para alérgicos que le permitió dar un pequeño paseo por el jardín y abrazar a su madre anciana, algo que no había hecho en doce años.

