La televisión en directo es un lugar donde cualquier cosa puede salir mal en cuestión de segundos. Por ejemplo, un presentador debía anunciar tranquilamente el pronóstico del tiempo cuando, de repente, el teleprompter dejó de funcionar.
Sin perder la compostura, siguió hablando con total seguridad… hasta que se dio cuenta de que estaba leyendo algo completamente distinto. ¡Era una lista de compras que había aparecido en otra pantalla! Mientras la cámara seguía grabando y el director entraba en pánico, él anunciaba con toda seriedad: «leche, pan, huevos y oferta especial en queso».
En otra ocasión, un reportero realizaba una cobertura seria en plena calle cuando un perro pasó corriendo detrás de él y se llevó el cable de su micrófono. Intentó mantener la profesionalidad, pero para los espectadores parecía que estaba persiguiendo al perro en vivo y en directo sin poder detenerse.

También ocurrió en un programa de entrevistas. Un invitado estaba pronunciando un discurso muy emotivo cuando su teléfono comenzó a sonar con la melodía de «Cumpleaños feliz».
Trató de silenciarlo discretamente, pero por error terminó subiendo el volumen. El resultado fue que nadie en el estudio pudo seguir con la entrevista sin reírse.
Eso es precisamente lo que hace tan impredecible la televisión en directo: cuando ocurre algo inesperado, no hay forma de detenerlo ni de borrar el momento, por mucho que todos deseen hacerlo.

