Los programas en directo son siempre una prueba en la que no hay margen para cometer errores. Y precisamente por eso, las situaciones incómodas ocurren con mucha frecuencia.
Un día, un presentador de un informativo hablaba con total seriedad sobre el clima y la política, mientras detrás de él un compañero intentaba espantar una mosca moviendo los brazos desesperadamente…
hasta que terminó derramando un vaso de agua directamente sobre el micrófono.
El sonido desapareció, pero la imagen seguía transmitiéndose, y los espectadores pudieron ver cómo el estudio se convertía de repente en un auténtico caos.

En otra ocasión, un reportero hacía una conexión en directo desde la calle durante una fuerte tormenta. Intentaba mantener la calma y mostrarse profesional, pero en un momento una ráfaga de viento le arrancó literalmente el paraguas de las manos.
Mientras seguía diciendo:
«La situación está bajo control», tuvo que salir corriendo detrás de él para recuperarlo. En la sala de control ya nadie podía contener la risa.
Y a veces las cosas salen aún peor: un invitado en un programa en directo no se da cuenta de que su micrófono está encendido y susurra: «Solo voy a decir esto rápidamente y ya está», sin imaginar que toda la cadena está transmitiendo cada palabra.
Entonces, el presentador tiene que intentar salvar la situación con la pregunta más neutral de la historia de la televisión:
«Eh… ¿qué le parece el tiempo de hoy?»

