Cada año aumenta significativamente el número de gatos callejeros, una situación que no es exclusiva de nuestro país. A veces, la vida nos sorprende con historias tan fascinantes como inverosímiles.
Aquí tienes una que ocurrió hace tres años en un pequeño pueblo llamado Akme, en el condado canadiense de Nyhill.
Claudia Hunkin, una anciana soltera conocida por alimentar con frecuencia a los gatos callejeros, estaba sentada en el porche de su casa leyendo un libro.

Claudia, que padece miopía leve y ve borrosos los objetos a distancia, notó un gato gris acercándose. El gato se metió en un nicho y parecía no querer salir. Sin llamar al animal, Claudia decidió acariciarlo y darle de comer. Dejó su libro a un lado y se ajustó las gafas.
Fue entonces cuando Claudia se dio cuenta de que lo que pensaba que era un gato gris era en realidad una zarigüeya salvaje. Aunque las zarigüeyas no son agresivas por naturaleza y tienden a frecuentar los contenedores de basura, no se recomienda acariciarlas. Pueden morder si se sienten amenazadas, y sus dientes son bastante afilados.
Claudia no se asustó y, en cambio, decidió grabar el encuentro con su teléfono móvil. Cuando el flash se disparó, la zarigüeya quedó temporalmente cegada y salió corriendo al balcón. A Hunkin le hizo gracia la situación y quedó encantada con la visita, describiendo a las zarigüeyas como «vecinos simpáticos y amistosos».

La historia es ciertamente peculiar. Muchas personas tendrían una reacción muy diferente ante un encuentro inesperado con un animal salvaje. Comparte tu opinión en los comentarios y suscríbete a nuestro canal para no perderte nuevos e interesantes artículos.

