Esta increíble historia ocurrió este invierno en Ernul, Carolina del Norte, Estados Unidos. Un niño de tres años llamado Casey Hathaway estaba jugando con sus amigos en el patio trasero de una casa cuando, en un breve momento de distracción de los adultos, desapareció.
Preocupados, alertaron de inmediato a la policía. El sheriff local, consciente del intenso frío y del riesgo de hipotermia, movilizó el apoyo de los pueblos vecinos y organizó una búsqueda a gran escala.

A los lugareños se unieron voluntarios de una organización de rescate, y pocas horas después llegaron refuerzos: un equipo con perros rastreadores, buzos, operadores de drones e incluso un helicóptero.
Pasaron el día buscando en el bosque, pero sin éxito. Al día siguiente, el tiempo empeoró considerablemente, y el sheriff pidió a los voluntarios que se retiraran por su propia seguridad. A pesar de las condiciones adversas, la policía y los rescatadores profesionales continuaron la búsqueda.

Al segundo día, encontraron a Casey, atrapado entre unos arbustos en una pequeña isla, a la que solo se podía acceder por agua. Lo que desconcertó a todos fue cómo había llegado hasta allí.
Cuando lo rescataron, Casey le contó al sheriff que se había hecho amigo de un oso en el bosque, que le había ayudado a sobrevivir durante los dos días que estuvo desaparecido.
Al regresar a casa, el niño repitió la misma historia a su familia. Su tía le creyó y, en una entrevista, declaró que creía que el Señor mismo había enviado al oso para ayudar al niño, concluyendo con la frase: «los milagros ocurren».

Aunque hay muchos osos negros en los bosques de Carolina del Norte, no se sabe si alguno estuvo cerca de Casey o si todo fue producto de su imaginación. Chris Servin, experto en osos negros de la Universidad de Montana, considera poco probable esta hipótesis.
Según él, es más factible que el niño se inventara la historia del oso como una forma de sobrellevar su miedo al bosque. Los osos negros suelen ser cautelosos y evitan el contacto con las personas, incluso con los niños.
Si un oso realmente se hubiera encontrado con Casey, solo habría reaccionado si estuviera defendiendo su territorio o cazando, situaciones que podrían haber sido peligrosas para el niño. Fuera de estas circunstancias, el oso simplemente habría evitado acercarse.

El científico aclaró que no estaba acusando al niño de mentir, sino considerando otras posibilidades basadas en su experiencia. También sugirió que Casey podría haber recordado un oso de peluche con el que se sentía cómodo, lo que podría haber estimulado su imaginación en el bosque.

